lunes, 11 de febrero de 2013

DE CINE: EL REGALO DEL DIABLO (THE DEVIL'S GIFT, 1984)

Año: 1984
País:USA
Duración: 90 min
Director: Kenneth J. Berton

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ARGUMENTO
Un niño recibe como regalo un aparentemente inofensivo mono de peluche. Lo que nadie sabe, es que ese muñeco alberga una maldición. Cada vez queda menos para que el muchacho y su família vayan cayendo. Si los platillos suenan, ¡despídete!

COMENTARIO
Saludos, queridos lectores!! Jo, queda bonito ¿eh? sobre todo porque no me sigue mucha gente, aunque básicamente me da lo mismo. Hay peña que me comenta en mails la cuestión de que cómo es posible que mi blog tenga poquitas visitas cuando me curro las reviews, actualizo a menudo... pues familia, la verdad es que ni lo sé, ni me importa. Decidí crear www.biblio-phagus.blogspot.com hace poco más de tres meses, con la única pretensión de comentar mis otras dos pasiones después de la  música: el cine y la lectura.
No esperaba, ni espero, un ingente volumen de tráfico y de personal comiéndome el culo alabando mis conocimientos cinéfilos. De hecho, he dicho más de una vez que si buscáis un espacio de alguien que sepa de cine, sin duda estáis en el sitio equivocado; sólo soy uno de tantos que se ha tragado montones de películas raras, desconocidas y poco comerciales. Y tampoco me considero un pedazo de escritor cool de la muerte, soy consciente de mis carencias y límites.
Calma, calma... ¿Que a qué viene esto? a nada especial, realmente. Simplemente me apetecía contar que estoy aquí para quedarme, me lea uno o me lean cien mil, porque la verdadera finalidad de escribir todo esto es, sobre todo, la satisfacción personal.
Venía hoy de Zaragoza, después de visitar a mi adorada hermana y pasar allí un fin de semana súper casero y con un frío de pelotas... aunque lo peor ha sido el viento. El Cierzo, lo llaman. Yo lo llamaría Puta Mierda, mira que me encantan los climas adversos, pero ir por la calle sintiéndome como una cometa humana desde luego es demasiado para mí.
Según la historia, los romanos montaron un asentamiento militar a las orillas del río Ebro, y un tiempo más tarde se dieron cuenta de que allí era imposible vivir. Doy fé, me apasiona la ciudad y me encanta su gente, pero al viento le pueden dar mucho por el culo. Ya volveré en verano.
Siempre he tenido la costumbre cuando viajo de llevar películas encima, no sé si sonará demasiado freak, pero aprovecho cualquier rato o espacio en blanco para ponerme a ver algo. Eso implica, como mínimo, andar con el portátil a cuestas en trenes o autobuses, aunque lo considero un precio barato a pagar. Mientras el resto de pasajeros se aburren y retuercen, incómodos, me encanta reclinar mi asiento hacia atrás, ponerme los auriculares y abstraerme de todo con un buen (o mal, o cutre) film. Son tres horas y media hasta Barcelona, así que he podido tragarme dos películas de principio a fin mientras la nenita pija que tenía al lado en el bus lanzaba miradas intermitentes de espanto: al ordenador, a mí, al ordenador, a mí... por lo menos en esta ocasión he sido extremadamente benevolente para lo que acostumbro, recuerdo un viaje en el AVE hasta Ciudad Real viendo Saló o los 120 días de Sodoma con el tren petado mientras una octogenaria se santiguaba, horrorizada, en el asiento contiguo al mío y pedía a todo revisor que pillaba que por favor, la cambiaran de sitio. Ya os lo contaré, que la cosa tuvo su gracia.
La peli de la que vamos a hablar hoy es una rareza de los ochenta que por un motivo u otro nunca llegué a ver, son demasiadas las cosas que tengo pendientes y por desgracia no dispongo de tiempo como para disfrutar de todo el cine que me gustaría. Se trata de The Devil’s Gift o El regalo del diablo, como la llamaron aquí, propuesta que pasó sin pena ni gloria a mediados de los ‘80 y que ya tenía ganas de visualizar y comentar.
Hasta que apareció Chucky con su cuchillo y sus “me gusta que me abracen”, la temática de muñecos hijoputescos no terminó de ser aceptada como subgénero dentro del cine de terror; aunque antes del títere pelirrojo ya se habían hecho incursiones en estos terrenos, con más pena que gloria. En el regalo del diablo se nos cuenta la historia de un muñeco poseído por un demonio, que puteará sin compasión a los miembros de una familia común y corriente. Pero, esperad... ¿qué tal si comenzamos desde el principio?
El inicio de la cinta es tan extraño como risible: una espiritista entrada en años jugando a la ouija en soledad. La señora, que a todas luces le patina el embrague, contacta con un ente del más allá de nombre Augusta (En españa hubiera sido Agustín, ¿os imagináis? “Aquí el espíritu Agustín, me se recibe??”) que se manifiesta poseyendo a unos muñecos, primero, y prendiendo fuego al chiringuito, después. Vamos, que la médium y su tablero quedan sepultados entre los escombros llameantes de una vieja mansión de estilo colonial por jugar con aquello que no debía.
Un tiempo después, no se precisa exactamente cuánto, nos vamos de cabeza a un hogar aparentemente normal de aquella época y país. El padre que vive con su hijo pequeño, que es un encantito con patas,  y tiene una novia que trata al crío como si fuera suyo. Una estampa adorable.
Para el cumpleaños del pequeño Michael, la novia del querido papá encuentra en un anticuario el regalo “perfecto”: se trata de un muñeco, un mono “mu feo” con ojos de haberse metido el sueldo de tres meses en cocaína y unos platillos atados a las manos. El típico cachivache para dar por el culo, vaya, y que la gente se ponga de los nervios. Todos hemos tenido algún juguete parecido, aunque este en concreto yo no lo regalaría a nadie y menos a un niño pequeño.
El mono en cuestión es uno de los muñecos poseídos por el espíritu de la tal Augusta y que se libró del incendio no se sabe muy bien cómo, pero que hace gala de una mala hostia propia de un mosso d’esquadra durante una manifestación en contra de los desahucios. Michael está super contento con su regalo nuevo, no para de jugar con él y de llevarlo a todas partes, aunque su padre enseguida se cosca de que aquello no es normal.
Primero, las plantas que decoran el hogar aparecen secas y ennegrecidas sin motivo aparente y después, las mascotas de la casa aparecen muertas en extrañas circunstancias. Nuestro padre soltero primero visita a una psicóloga, que en vista de los hechos, lo pone en contacto con una especialista en el tema y ésta llega a la conclusión de que es obra de un objeto endemoniado. Atando cabos, la suposición de que el mono de juguete es el responsable de todo se va haciendo cada vez más fuerte hasta que por fin se torna en una certeza.
Y al fin, toda la familia se las verá y se las deseará para poder deshacerse del puto muñequito, al que se le encienden los ojos como dos carbones y entrechoca los platillos cuando está a punto de hacer una de las suyas.
Antes de que salgáis corriendo a buscarla, dejadme que os hable de algunos aspectos más. El argumento, pese a no ser nada del otro jueves, cumple y a priori puede parecer entretenido, peeeeeeero hay un problema... el ritmo. Lenta y pesada por momentos, demasiados planos que no dicen nada y diálogos muy estirados y sin sentido; son cosas que la hacen tan “indigesta” como comerle el coño a la Duquesa de Alba. Puedo tolerar las actuaciones cutres, puedo obviar el escaso presupuesto o los deficientes efectos especiales, pero la falta de acción me mata.
Una buena idea que quedó en agua de borrajas por un mal montaje y dirección, y que para mí no es ni de lejos el clásico que se comenta por ahí. No es una de esas películas que pida un revisionado, de hecho dudo mucho que alguna vez la vuelva a ver; mi opinión tal vez sería otra si quizás me hubiera encontrado con ella haciendo zapping alguna noche cuando era un mocoso impresionable, pero casi treinta años después es casi mejor dejarla donde está, en el pseudo anonimato.
Sólo para fans de la época con pocas pretensiones, mucho tiempo libre y una paciencia a prueba de bombas.

NOTA: 4/10

PD
. No confundir con “The attic”, película de la misma época y cuya portada es un mono de juguete exactamente igual al de "El regalo del diablo”

sábado, 9 de febrero de 2013

DE CINE: MANIAC COP


Año: 1988
País: USA
Duración: 85 min
Director: William Lustig

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                                    ARGUMENTO
Un maníaco asesino comienza a asesinar policías en Nueva York. El principal sospechoso es Jack Forrest, un agente del cuerpo con fama de ser problemático. Sin embargo, cuando su superior, el teniente McCrae, es encontrado muerto Jack decide ocuparse del caso. Para ello cuenta con la ayuda de su novia y de otro agente que trabaja de incógnito. Entre tanto, alguien sigue asesinando a policías.

                                    COMENTARIO
Hoy vamos a dedicarle un más que merecido espacio a Maniac Cop, otra de esas pelis de los ‘80 que reúnen toda una serie de características que hicieron esa década un punto de referencia para todo amante del cine de terror, fantástico, serie B y demás productos de índole parecida.
Aquí podemos encontrar nombres conocidos dentro del género, el director no es otro que William Lustig, quien unos años antes dirigiera, entre otras cosas, aquel clásico slasher de nombre parecido al que hoy nos ocupa, “Maniac”, película de la que ya haremos una disección próximamente. Al guión tenemos a otro habitual llamado Larry Cohen, responsable de los argumentos de Estoy Vivo (It’s alive, 1974) o La sustancia maldita (The Stuff, 1985), además de haber colaborado en una serie de bodrios que es mejor no recordar... al menos, hasta que me dé por comentarlos.

Maniac Cop es una película que se mueve por varios subgéneros sin acabar de encasillarse en uno concreto, así pues podemos encontrar acción, terror, slasher o thriller policíaco conviviendo en armonía sobre un sólido lecho argumental. Copada de acción a lo largo del metraje, con un gran ritmo sin fisuras y bastante violenta; de hecho no se prodiga mucho en la presentación de los personajes y a los cinco minutos de peli ya hay un asesinato.
Como siempre, podréis leer todo tipo de reviews tildándola de mala, cutre, sobrevalorada... con esto de internet cualquiera (me incluyo) puede tener un blog y escribir lo que le apetezca, el problema son los putos iluminados que parecen no entender que ésto es una SERIE B, cine de bajo presupuesto que hay que ver desde otro punto de vista distinto a las superproducciones de Hollywood.
Poniéndonos en situación, nos trasladamos al oscuro y lúgubre Nueva York de finales de los ‘80, donde un policía está cometiendo una serie de asesinatos que hacen que el grueso de la población civil estalle de pánico. El agente Frank McCrae empezará una investigación meticulosa, que en un principio conducirá al problemático policía Jack Forrest y su pareja; pero más tarde el cerco se irá cerrando sobre el trágico caso del agente Matt Cordell.

Unos años atrás, Cordell era un policía que algunos tachaban de ejemplar e impecable. El problema vino de que, al ser tan tajante con el cumplimiento de las leyes, se pasó de rosca y acabó en prisión con algunos delincuentes muy jodidos que él mismo había encerrado. El alcalde de Nueva York y el capitán de la policía de la ciudad hicieron la vista gorda ante la situación, prácticamente condenando al recién encarcelado ex agente a una muerte horrible.
Las represalias contra Cordell no se hicieron esperar y, mientras se duchaba, un grupo de reclusos lo sorprendió y lo acuchilló con un ensañamiento brutal, provocándole daños cerebrales irreversibles y dejándole prácticamente muerto.
Ya en la camilla del forense, éste descubre que contra todo pronóstico y aunque parezca imposible, Matt Cordell acusa débiles constantes vitales, aunque sus heridas son tan graves que firma el certificado de defunción. Aunque ahí no acabará la cosa, porque Cordell no está muerto del todo y hará lo posible por vengarse del alcalde, el capitán de policía y todo el que se le ponga por delante.
Si exploramos un poco el ámbito interpretativo de la cinta, encontraremos un gran trabajo llevado a cabo por rostros familiares del género y la época. El papel de Frank lo encarna Tom Atkins, actor habitual de George Romero o John Carpenter, que ha aparecido en todo tipo de producciones del más diverso presupuesto, desde “El terror llama a su puerta” hasta “Arma letal” pasando por “Creepshow”. Es curioso como todo el mundo critica la “inexpresividad” de Atkins cuando yo más bien lo que veo es un semblante serio muy característico y que viene al pelo en una peli como ésta. Desde luego, me parece un tío muy metido en su papel en “Maniac Cop”, pero vaya... cuestión de gustos, supongo.

A estas alturas dudo mucho que alguien que lea mi blog o cualquier otro de la misma temática no conozca a Bruce Campbell, protagonista de la trilogía “Evil Dead” y que también era habitual de un director, en éste caso Sam Raimi. Campbell interpreta a Jack Forrest, co protagonista del film sobre el que planean todas las sospechas desde un principio; y debo decir que brinda una interpretación genial. Un pedazo de actor como la copa de un pino, confinado a los films casposos y que al igual que Ken Foree, pienso que merecía mucho más.
También tenemos a la genial Laurene Landon dando vida a Theresa Mallory, policía que está liada con Jack Forrest y le acompañará en toda la lucha contra el policía maníaco. Además de actuar bien está tremenda la niña, y aún a riesgo de que se me tache de machista, ya podría  haber enseñado una tetilla... o las dos, así el resultado final habría ganado enteros.
Hace veinticinco años el cine de bajo presupuesto tenía sus cosas buenas y sus cosas malas, pero sin duda era todo muy diferente a como se hace hoy en día. Ante la falta de fondos para efectos especiales, había que tirar del miedo a lo real y cotidiano y eso en Maniac Cop está bastante conseguido. Por un lado tenemos calles llenas de delincuentes y maleantes en las que puede ocurrir cualquier cosa, y por otro una fuerte crítica al cuerpo de policía y su modus operandi.

Me explico, los abusos de poder de los cuerpos de seguridad con respecto a la gente de a pie son una realidad patente y demostrada. A la inseguridad ciudadana hay que sumarle la brutalidad policial y su impunidad, y eso se recrea muy bien en la figura de Matt Cordell.
Cordell como asesino no inventa nada nuevo dentro del slasher, de hecho comparte una serie de puntos con los pesos pesados del género Mike Myers o Jason Vorhees, tales como: carencia de expresión, no habla, se mueve pausadamente, fuerza sobrehumana, tamaño descomunal, resistencia a los disparos o golpes de todo tipo... pero si os soy sincero, a mi me mola y me hace gracia; tal vez porque me encanta el slasher o porque me dan mucho asco los maderos. No lo sé.
Técnicamente tampoco es una maravilla, a destacar una fotografía sucia y densa que otorga un aire malsano y tétrico, acompañada de unas ambientaciones geniales y muy conseguidas; todo oscuro y frío y rodeado de personajes muy peligrosos.
En resumidas cuentas, Maniac Cop llegó en un momento tardío y eso quizá hace que no sea en demasía conocida a pesar de sus cualidades, aunque está injustamente olvidada y rara vez veo referencias hacia ella. Entretiene mucho, cumple lo que promete y si te gusta el slasher es un pequeño clásico que no te puedes perder. Por cierto, generó dos secuelas (y hay una cuarta parte en proceso) irregulares en calidad y en efectividad, pero que también vale la pena ver.

NOTA 8/10

viernes, 8 de febrero de 2013

DE CINE: LOS SIRVIENTES DEL CREPUSCULO

Año: 1991
País: USA
Duración: 95 min
Director: Jeffrey Obrow
 

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                                  ARGUMENTO
Los miembros de una extraña secta, conocida como "La Iglesia del Crepúsculo", amenazan con asesinar a un niño de diez años, porque están convencidos de que se trata del anticristo.

                                  COMENTARIO
Otra peli más para el recuerdo y una nueva review para la colección. En este caso le ha tocado el turno a “Los servidores del crepúsculo”, basada en la novela “Twilight” del escritor americano Dean Koontz; y para  los que estéis frunciendo el ceño con extrañeza, os diré que no tiene nada que ver con la mierda de vampiros adolescentes que lleva rondando los cines de unos años a esta parte.
Por si a estas alturas no hay nadie que conozca al gran Koontz, os diré que a mí sin duda me parece uno de los mejores escritores de terror de los últimos años, nada tiene que envidiar a Stephen King, por ejemplo. Sus libros son originales, retorcidos y estremecedores, he podido disfrutar de casi todo su extenso catálogo y me he sentido decepcionado en contadas ocasiones. 

Y pese a haber ganado un premio Bram Stoker, haber vendido más de 50 millones de ejemplares en todo el mundo y dedicarse exclusivamente a escribir desde 1969, en la piel de toro es todo un desconocido para el gran público.
Esto último no se muy bien si es por la poca afición por la lectura del español medio (cosa muy posible, por cierto) o por simple casualidad, pero vaya, que me intriga que un escritor de tal calidad permanezca oculto y que sin embargo haya todo un mercado sobresaturado de vampiros mariquitas y oligofrénicos llenando las estanterías de colegialas desdichadas. Pero vaya, que como siempre, me pongo a hablar de un tema y me voy por las ramas, al grano...
La cuestión es que el bueno de Dean Koontz tiene MUY MALA SUERTE con las adaptaciones de sus novelas al cine, esto es así, no porque lo diga yo. Salvo con “Phantoms” de 1998, que es la única que creo que puede escaparse, todo lo demás es en general regular tirando a malo.
Los servidores del crepúsculo tampoco fue un film que gozara de una buena transición del papel a las imágenes en movimiento. 

 
Dirigida por Jeffrey Obrow, quien en 1987 pariera aquella sorprendente y resultona “Trans-Gen, los genes de la muerte”, pasó sin pena ni gloria entre todo el aluvión de telefilms que poblaban las noches de cadenas como Tele 5 o Antena 3. Siendo un gran fan de “Trans-Gen”, es muy doloroso ver el tratamiento que ha hecho con una de las mejores novelas de Dean Koontz; suceso que demuestra una vez más que aunque haya un equipo de calidad el resultado no tiene porqué ser necesariamente un éxito. En manos de otro director que hubiera explotado más las virtudes del libro, sobre todo el surrealismo que impregna  las páginas, podríamos estar hablando de un pequeño clásico e incluso un film de culto.

Argumentalmente, la película nos habla de una secta religiosa ultra fanática, liderada por una señora llamada Grace. La señora es la cabeza pensante indiscutible de la particular iglesia, y se le ha metido en la cabeza que el anticristo ha nacido y se encuentra entre nosotros.
Grace y todo su séquito comenzarán su particular cruzada contra el maligno, poniendo todo su empeño y esfuerzo en acabar con él a cualquier precio. En contrapartida, el supuesto anticristo es tan sólo un indefenso niño de seis años, que únicamente cuenta con la defensa de su soltera madre y un detective privado que se encariña con él.
Y a partir de aquí os podéis imaginar, persecuciones, traiciones, cosas que no son lo que parecen... y la verdad, al ser una película más tirando a telefilm se desmarca del gore, la angustia y la confusión que me esperaba de ella. El resultado final queda carente de suspense y violencia, se hace previsible y en definitiva, todo muy descafeinado.
No entraremos en cuestiones técnicas porque no creo que sea necesario, con lo comentado ya os podéis hacer una idea de lo que hay... sólo para ver cuando estéis aburridos y no tengáis mejor material a mano.

 NOTA 4/10

jueves, 7 de febrero de 2013

DE CINE: PULSE: LA ÚLTIMA DESCARGA


Año: 1988
País: USA
Duración: 95 min
Director: Paul Golding
 

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                                         ARGUMENTO
Un latido inteligente de electricidad se mueve de hogar en hogar. La electricidad aterroriza a los ocupantes de las casas, controlando todos los aparatos enchufados, causando la muerte de los inquilinos o provocándoles ataques de pánico. El latido se introduce en la casa del padre divorciado de Andy cuando él está fuera. El terror empieza a entrar por los enchufes...

                                         COMENTARIO
Desconocía completamente “Pulse: La última descarga” y todo lo que giraba en torno a ella, tanto su director Paul Golding como el grueso del reparto eran rostros desconocidos para mí. Pero me gusta mucho disfrutar de ese momento que va entre la cena y largarme al sobre, en el que siempre trato de degustar alguna peli... y rebuscando entre las pendientes para ver, ha salido ésta, así que merece una review como todas las demás. En éste blog no sabemos qué es el miedo a lo desconocido!
Lo que tenemos aquí es un film de ciencia ficción con toques de terror, en el que la electricidad será el elemento utilizado para conducir el argumento. Se puede ver que su Paul Golding bebió bastante de Poltergeist e intentó probar suerte con una idea un tanto parecida, pero la cosa no llegó a funcionar del todo. Y lo cierto es que está bien planteada, pero la primera media hora aburre bastante, y aunque gocemos de un clímax bastante decente no se logra equilibrar la balanza. También se aprecian parecidos con “Shocker 100000 voltios de terror”, aunque en desarrollo es muy diferente a esta.
Así pues veremos cómo un pulso eléctrico bastante hijo de puta va viajando hogar por hogar intentando acabar con todo lo que pille. La corriente se mete por los enchufes y domina todos los aparatos eléctricos, usándolos hostilmente contra los habitantes de la casa, y por una cosa o por otra al final acaba en la residencia de Stevie (interpretado por Matthew Lawrence, el chico de Sra Doubtfire).
Stevie es el típico crío medio americano, con padres divorciados y preocupaciones típicas de los niños mimados occidentales. Se ha mudado con su padre y la novia de éste a un barrio residencial, y lo que quiere es pirarse de allí y volver con su madre a Colorado.
Stevie empieza a ser testigo de ciertas señales que indican que algo extraño está pasando con la electricidad, y por mucho que intenta demostrarlo no encuentra a nadie que le crea. Para colmo,conoce a un excéntrico anciano que resulta ser un vecino que parece ser que sabe muy bien de qué va todo el rollo, pero lejos de ayudar al protagonista, más bien da la impresión de estar un poco grillao. Entre todo el embrollo Stevie tendrá que tratar que le tomen en cuenta para evitar la tremenda desgracia que se cierne sobre su hogar...
No me extenderé mucho más porque no creo que tampoco sea necesario. Pulse es una peli con buen argumento, muertes extrañas y originales; que podría haber llegado a ser mucho más pero se ha quedado en un producto light para toda la familia, que no acaba de cuajar y no goza de tensión (perdón por el chiste fácil).
Podemos calificarla entre aburrida y pasable, sólo recomendada para los fans del terror ochentero de videoclub.

 NOTA 5/10

lunes, 4 de febrero de 2013

DE CINE: EL TERROR NO TIENE FORMA (THE BLOB)

Año: 1988
País: USA
Duración: 95 min
Director: Chuck Russell (AKA Charles Russell)
 
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                                       ARGUMENTO
Una malévola forma de vida viscosa irrumpe en un tranquilo pueblo de Arborville. Sin problemas de conciencia ni inteligencia alguna, The Blob sólo sabe hacer una cosa, pero es todo un experto en ello: comerse todo lo que se mueve: hombres, mujeres o niños... Remake de un conocido filme de los años cincuenta (The Blob, 1958, con Steve McQueen).

                                       COMENTARIO
No recuerdo la fecha con exactitud, pero según las fuentes oficiales la movida ocurrió a finales de Enero de 2003. Me resulta increíble que haya transcurrido ya toda una década desde entonces, y más raro aún ser consciente de que recuerdo aquella noche con total claridad, pese a llevar una turca como un piano de grande. Pero qué le vamos a hacer, tenía diecisiete añitos recién cumplidos y como todos los chavales a esa edad lo único que quería era salir hasta las tantas y agarrarme unas moñas de espanto... aunque a decir verdad, no he madurado mucho en estos diez años.
Estaba con un par de colegas en un parque a las afueras de Puertollano, mi pueblo natal, situado en la provincia de Ciudad Real, sitio donde se cuenta que hace unos siglos vivió un ingenioso hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Eran... ¿seis? ¿siete? cubatas de Cutty Sark los que me había metido entre pecho y espalda, y me habían proporcionado algo así como una inyección de adrenalina que me hacía mover la cabeza como un loco al ritmo de la batería de Gene Hoglan.
Mis dos amigos no estaban mucho más serenos que yo, para qué engañarnos, dios no nos criaría... pero nosotros nos juntábamos. Entre conversaciones absurdas, bebida, música y un frío de cojones pasábamos la noche con toda normalidad, como otras tantas en las que habíamos hecho siempre lo mismo; hasta que sucedió una cosa a todas luces insólita que se convirtió en lo más raro que he visto en toda mi vida.
Fue visto y no visto, con un rapidez increíble. Una bola de fuego de dimensiones acojonantes cayó del cielo y se fue a estrellar a unas decenas de metros de nosotros, provocando un temblor de tierra que hasta nos volcó los vasos con el bebercio. Me giré lentamente y miré a mis amigos cara a cara, para encontrarme dos rostros ojipláticos que parecían esculpidos en piedra. Observé el canuto que tenía en una mano con expresión desconcertante ¿qué mierda me estaba fumando? ¿sería una alucinación, producto del thc? ¿O quizás había caído un puto meteorito en mi pueblo, delante de mis narices?.
- Hos...tia...pu...ta - dijimos los tres mosqueteros al unísono. A lo lejos se divisaba un incendio que poco a poco se iba avivando y parecía un claro indicador del punto de impacto. Nos metimos en el coche, un citroën ZX con más años de un saco de gnomos, y nos lanzamos campo a través en dirección del resplandor.
Cuando por fin llegamos al sitio y puse un pie en tierra, se me aceleró el pulso y percibí un regusto amargo en la garganta. Tenía delante un cañaveral, una jodida zona pantanosa de las que tanto abundan en mi pueblo, que se estaba chamuscando como paja seca. Había unos surcos con juncos aplastados ardiendo a lo largo de unos cuantos metros, como si lo que quiera que hubiera caído allí se hubiera ido frenando hasta detenerse por completo. Donde terminaban los surcos había una masa ardiendo del diámetro de una furgoneta; y lo más cojonudo de todo el caso es que el fuego salía... de debajo del agua. La charca se estaba quemando delante de nuestros ojos como si fuera lo más natural del mundo.
Qué rabia me da que por aquellos entonces los teléfonos móviles no tuvieran cámara de fotos incorporada, así podría haber tomado unas cuantas imágenes para el recuerdo. Saqué mi fabuloso ALCATEL de defensa personal y llamé a la policía. Digo de defensa personal porque era tan grande como un ladrillo y pesaba el triple, con eso se podía descalabrar a un rinoceronte.
Lo mejor fue cuando aparecieron al rato los maderos por el lugar y nos preguntaron si lo habíamos prendido nosotros. Es lo más obvio, prender fuego a un lodazal, de verdad a éstos no se qué carajo les enseñan en la academia... pero vamos, ahora que lo pienso, supongo que debieron flipar al encontrarse aquello en llamas y tres chavales borrachos como piojos danzando por el lugar.
Cuando el que parecía el jefe de los pitufos se aproximó a la bola llameante, una idea me comenzó a rondar la mente y me reí tan alto que debieron pensar que además de borracho era subnormal. Hostia, ¿Qué pasaría si ahora saliera una masa de color rosado del interior y se comiera al imbécil del policía? ¡Sería cojonudo! ¿Y si después de eso se fuera comiendo uno por uno a todos los catetos, chonis y gañanes que habitaban por las cercanías? ¡Mejor todavía!
Pero no, no pasó. Se ve que los meteoritos guays que devoran seres humanos sólo caen en las zonas rurales de Estados Unidos, y en las zonas rurales de La Mancha nos tenemos que joder y conformarnos con la basura cósmica de segunda división que no lleva en su núcleo formas de vida con instintos asesinos.
Después llegaron los bomberos, y cuando llevábamos un rato insistiendo para que nos dejaran una manguera a cada uno, nos acabaron echando del lugar. Panda de capullos, rechazar de esa forma una muestra de colaboración ciudadana... ya les vale. El tema es que lo que fuera que cayó aquella noche no contenía ni microbios, ni gérmenes ni nada por el estilo, y a día de hoy Puertollano sigue siendo todo un hervidero de catetos, chonis y gañanes.
Por cierto, hasta  Friker Jiménez se hizo eco del suceso unos años más tarde y le dedicó un espacio en Cuarto Milenio, donde entrevistó a algunas personas que vieron el fenómeno, pero de los tres chicos con melenas que dieron la voz de alarma nadie se acordó. Aquí tenéis el vídeo, por si queréis verlo:
     

Pero como comentaba anteriormente, en USA reciben desde el espacio todo tipo de mierda interesante; así lo demuestra la gran película “El terror no tiene forma”, también conocida como “The blob”. Se trata de un remake de una película americana de los años ‘50 llamada “La masa devoradora”, y es de las pocas ocasiones en que un remake supera la obra original.
Hacía mucho tiempo que no la veía, y gracias a mi particular proveedor de broza en formato DVD, Dani Krudo Czarnian, he podido darle un repaso que ha servido para afianzar todavía más mis impresiones para con este film: me encanta, la encuentro una peli divertidísima que resiste con fuerza el paso del tiempo.
Es una cinta totalmente apta para nostálgicos de los ‘80 y que reúne todos los elementos que engrandecían el cine fantástico de aquella época. Con un inicio arrollador, veremos un meteorito que cae en alguna zona remota de los Estados Unidos; del que sale una sustancia color rosa muy parecida a los mocos de “Cazafantasmas 2” y que atacará primero a un mendigo, y posteriormente tratará de papearse todo lo que camine de espaldas al Sol.
La acción se centrará sobre todo en Brian y Meg, que intentarán detener el avance de la masa antropófada que crece sin control y mesura con cada cuerpo que deglute. Brian (Kevin Dillon) es el típico gamberro con mucha jeta, pero en el fondo es buen chaval y hará todo lo que esté en sus manos para evitar que su pueblo se vaya al carajo. Shawnee Smith encarna el rol de Meg, sin duda lo hace genial, la encuentro una actriz muy expresiva; unos años más tarde l encontraríamos haciendo de Amanda en la saga SAW.
Al margen de la masa de las pelotas, también nos encontramos con un gobierno que intenta ocultar información, y un cuerpo de policía que no sabe muy bien qué hacer con la situación, por tanto todo dependerá de los habitantes de la localidad y su pericia.
Otro de los puntos que me encantan de la película es que no hay concesiones de ningún tipo con los personajes, no te puedes encariñar con ellos en exceso porque cualquiera puede ser víctima del mondongo rosado. La primera escena que se me viene a la mente es la de la camarera encerrada en la cabina telefónica, o la del niño siendo devorado en las cloacas. Ésta última, por cierto, fue muy criticada por todo el mundo al mostrar la truculencia de la muerte violenta de un menor.
En el apartado de los FX nos encontraremos todo un despliegue de imaginación, cosa comprensible teniendo en cuenta que andaba por ahí metido Greg Nicotero, a destacar las muertes que componen toda la cinta, mucho más explícitas y salvajes que las del film original de los 50.
Su gran ritmo narrativo, acción y dosis de suspense la han convertido en una obra muy apreciada por los fans del género de todo el mundo, y su buen estado a día de hoy la convierte en un clásico. No será tan conocida como otras, pero igualmente merece un lugar en tu videoteca.

NOTA: 8’5/10

sábado, 2 de febrero de 2013

DE CINE: DARKNESS DE LEIF JONKER

Año: 1993
País: Usa
Duración: 90 min
Director: Leif Jonker
 
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                                   ARGUMENTO
Cuando un grupo de chicos vuelve a casa tras un concierto se encuentran con un montón de razones para tener miedo a la oscuridad. De entre las sombras de la noche, irrumpe una legión de vampiros sedientos de sangre humana. Los chicos se arman hasta los dientes con sierras de cadena, machetes, pistolas y agua bendita. Se prepara una batalla campal entre los vivos y los "no difuntos". Cuando esté a punto de amanecer, todas las miradas de la humanidad se dirigirán hacia un rostro que sobrecoge incluso a los muertos.

                                    COMENTARIO
Tengo la sensación de que hoy, queridos lectores de este cutre-blog, vamos a dejar huella en la historia de www.biblio-phagus.blogspot.com con el análisis de ésta peli. Nos metemos en terreno escabroso sin duda, porque estamos camino de desvirgar ese número, el conjunto vacío, el arito... nunca había puesto una nota tan baja pese a que he hecho reviews de todo tipo de basura, pero Darkness se merece la peor calificación existente. Es irremediable.
Siempre he dicho que es muy fácil criticar cualquier manifestación artística, ya sea un disco, un cuadro o como en éste caso, una película; no obstante todo creador merece un respeto por el esfuerzo invertido... aunque creo que me voy a retractar, al menos por una vez. Por el amor de Satán, no se si estamos ante un insulto, una ofensa o una broma, o las tres cosas a la vez.

La desaparecida productora y distribuidora Gorgon Video (de la que alguna vez escribiré un post, pues hay mucho que comentar) fue la encargada de esparcir unas cuantas copias de Darkness por todos los videoclubs y hogares de algún friki despistao a lo largo y ancho de esta tierra de mangantes y chorizos, allá por la primera mitad de la década de los 90. Siempre tuve curiosidad por ella, incluso llegué a buscarla en formato físico, sin resultados satisfactorios. Hasta hace unos días cuando se me encendió una bombillita, esa que permanece aletargada la mayor parte del tiempo, y pensé “hey tronco, que tienes intenné. ¿Y si te la bajas, idiota?” y así nos hemos visto... ojalá nunca lo hubiera hecho, una hora y media de mi vida que nadie me devolverá y que podía haber empleado en actividades harto más productivas, como pintar macarrones con esmalte de uñas, o intentar cazar moscas con palillos al más puro estilo señor Miyagi.
 A ver, por un lado tenemos un tal Leif Jonker, que es un director amateur que no ha hecho nada más que esta puta mierda en toda su existencia. Encima el colega, que se las sabía todas, usó el seudónimo John T. Chance para acreditar el montaje de esta jodida ruina; que para los que no lo sepáis, es el mismo que usó John Carpenter en el montaje de ¨Asalto a la Comisaría del Distrito 13¨. Tuvo que ser “Juan Carpintero” en persona el que salió a comentar que ni conocía esta basura, ni tenía nada que ver con ella. Como director, el tal Jonker será un ñordo del quince, pero no hay duda de que el tío le da un rato al coco; probablemente con la gilipollez ha conseguido más publicidad que de cualquier otra manera.
Lo cierto es que ayer, mientras preparaba la TV para ponerme a ver Darkness, tuve un pálpito que me incitaba a dejarlo en ese instante, que aún era posible, y me pusiera a ver otra cosa. Fue mi instinto de superviviente, que haría enrojecer de vergüenza al mismísimo Bear Grylls y sus dientas insectívoras, lo que me impulsó a presionar el botón de play y aguantar el chaparrón con toda la estoicidad posible.
Recliné el sofá hasta que adoptó la posición del auténtico guerrero del cine cutre, es decir, ni tumbado, ni sentado... para poder dormirse llegado el caso, pero tampoco quedarse frito involuntariamente si al final resulta que el producto es bueno y todo.
Las primeras escenas iban pasando y ya no me quedaba ninguna duda de que aquello iba a ser chungo de verdad, y tendría que recurrir a estímulos externos si quería continuar con tal empresa. Saqué la hierba, el grinder, el librico de papel, un cigarro y el mechero, y lo dispuse todo cuidadosamente y en orden en la mesa de la salita, sintiéndome como un reputado cirujano plástico que está colocando su instrumental antes de comenzar la intervención quirúrgica más jodida de toda su vida.
Con el pimiento ya liado y aspirando el humo con deleite, tenía que reprimir las ansias de tirar la puta tele por la ventana y mandarle un mail al señor Jonker cagandome en su reputísima madre por haber alumbrado a semejante “director”. Aproximadamente a la hora de metraje estaba realmente incómodo, y cuando por fin aparecieron los títulos de crédito me faltaba llorar y flagelarme con el cable de la estufa eléctrica. ¿Qué fue lo que ví? os lo contaré con todo el pesar de mi corazón...

Tenía entendido que Darkness era un absoluto clásico del cine gore de bajo presupuesto y una obra de culto. Todo adorador de la “purria” (gracias por regalarme el término, Dani) que se preciara tenía que haberla visto porque era una pasada y bla bla bla... y una mierda pa vosotros, cinéfilos culturetas de tres al cuarto, que me habéis engañado. Sólo por ser cutre, de bajo presupuesto y con actores más malos que mandar a la abuela a por coca no significa que sea de culto... esperad, esperad, vamos a tomarlo con calma e ir poco a poco, que me enciendo.
Primero, hablemos un poco del presupuesto. Posesión Infernal se rodó con 350.000 dólares y es toda una joya hecha con muy poca pasta. Para Darkness se invirtió la ridícula cifra de 6.000 dólares, que encima no se muy bien en qué coño los gastaron; en actores y maquillaje seguro que no, en localizaciones tampoco, y encima fue rodada en Super 8... repito, ¿en que los gastaron? mi prima de 11 años con la cámara de un móvil y un bote de salsa de tomate hace mejores cosas.

El argumento es tan sencillo que lo vamos a resumir en un par de líneas: una especie de vampiro chungo que llega a un pueblecico pequeño y convierte en vampiro/zombie a todo el que pille por el camino, hasta que se cruza con unos cuantos “jevis” que vienen de ver un bolo y son los que oponen algo de resistencia. No obstante, un superviviente de una matanza anterior del chupasangre de marras irá siguiendo el rastro de cadáveres que va dejando con la firme intención de matarlo. Y yo por lo menos, siempre que recuerdo a un cazavampiros me acuerdo de Blade con sus extractos de ajo, su espada y la equipación de última tecnología. Este notas lo que lleva es una escopeta de cañones recortados y... una botella de dos litros de agua bendita!! y con eso va matando vampiros... acojonante. Joder, una puta pistolita de agua por lo menos, que eso tiene más alcance... y hubiera sido más divertido de ver.
Hay alguna que otra escena gore que se podría medio salvar de no haber sido por la HORRIBLE fotografía, vale que Darkness signifique oscuridad, pero coño, ¡la mayoría de los planos son tan oscuros que casi no se ve a nadie! que sea una “película” de vampiros no es óbice para tamaña falta de luz.

Y qué decir de los actores... colegas, vecinos y familiares del director, me juego los cojones a que ninguno cobró por ello, porque tampoco lo merecía. Interpretaciones soporíferas y nada verosímiles, lo más triste que he visto en mi vida. No se salva ni uno!!
Para algo que me podría gustar, la banda sonora, suena a un volumen tan bajo y distorsionado que casi no se aprecia, y es una lástima porque son temas de thrash y death metal. Pero vamos, que si quiero oír música me pongo un disco, tampoco habría salvado mucho el tema llegado el caso...
Pues ala, ya me he quedado tranquilo. No veáis esta mierda, no la compreis, ni siquiera la descargueis porque no vale la pena. Encima he llegado a leer por ahí comparaciones de Leif Jonker con el maestro alemán del ultragore Olaf Ittenbach, y por la memoria de Paul Naschy, es lo más absurdo que he llegado a ver nunca.
Pasad de Darkness como de una gonorrea, en serio...

NOTA: 0/10