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domingo, 3 de marzo de 2013

DE CINE: WISHMASTER

Año: 1997
País: USA
Duración: 90 min
Director: Robert Kurtzman

Ficha completa AQUÍ

ARGUMENTO
Hace tiempo, cuando Dios creó los cielos y la Tierra, también creó un lugar lleno de criaturas demoníacas a las que llamó Djinn. Ahora, los Djinn han logrado escapar de sus confines en respuesta a los deseos de un humano. Torciendo sus sueños horrorosamente, el líder de los Djinn deja un sendero de sangre y asesinato mientras espera su oportunidad de entrar en nuestro mundo... una oportunidad que sólo llegará si quien los ha liberado utiliza sus tres deseos.

COMENTARIO
Pues a mí Wishmaster me mola un montón. Qué queréis que os diga, estoy harto de oír críticas sin fundamento y ataques hacia una peli que si hubiera sido de los ‘80s sería considerada toda una obra de culto e iniciadora de una saga imprescindible para los amantes del terror. Pero como es de los 90 todo cristo la vapulea sin piedad, sobre todos los sibaritas y gafapastas que tanto entienden de cine y se esconden tras seudónimos absurdos en webs como filmaffinity y que, a mi juicio, no distinguirían una silla de un cipote. Así que, queridos gafapasters, tened cuidado de donde os sentáis, no vaya a ser que os dilaten el asterisco.
Yo fuí uno de esos que conocieron cantidad de pelis en Canal +, cuando era pequeño era lo más parecido a internet que podía soñar; todo tipo de cine que no podía ver en ninguna otra parte y encima varios pases de cada film, era casi como tener una barra libre de videoclub. Muchos recordaréis la revista mensual que mandaban a nuestros hogares, ahí es donde descubrí la existencia de Wishmaster. La publicitaban como un gran evento para los fans del cine de terror, ganadora de varios premios del prestigioso festival de Sitges. Con 12 años yo no tenía ni puta idea de qué carajo era eso del festival de Sitges ni donde se encontraba la ciudad, aquello me sonaba a chino, pero si se había llevado un premio, según mi lógica prepúber, es que mala no tenía que ser. Además leí que aparecían en ella rostros tan conocidos en el género como Robert Englund o Tony Todd, y aquello me bastó para juntar unas cuantas monedas de cien pesetillas que tenía ahorradas y comprar para la ocasión una cinta Basf. 

Dichosa cinta que aún conservo en casa de mis padres, en la que grabé la peli de marras la noche del estreno en Canal +, y para no variar, la ví una barbaridad de veces en su momento, como hacía con casi todas las películas que me molaban. Con el objeto de analizarla, hace unos días he podido brindarle un revisionado después de unos cuantos años de tenerla olvidada, y he descubierto que Wishmaster es una gran película que me gusta tanto ahora como cuando estaba en primero de ESO.
Para la ocasión, Wes Craven adoptó el rol de productor, después del exitazo de Scream, comenzando una saga que despliega un terror más adulto. El argumento trata de un señor de los deseos, o como lo denominan aquí un “Djinn”, que es encerrado en una especie de gema por un alquimista en pleno imperio babilónico antes de liarla parda y que el infierno se desencadene en nuestro mundo. Ya en nuestra época actual, la gema llega hasta los USA escondida dentro de una estatua que ha comprado un coleccionista llamado Raymond Beaumont, que no es otro que el gran Robert Englund sin cuchillas ni quemaduras en el jeto.

Por una mala maniobra del operario de la grúa, que cultivaba la afición de beber en horas de trabajo, acaba dándole una hostia a la caja que contiene la estatua y la gema, con el Djinn dentro, es encontrada y vendida. Hay que joderse con el gruísta y su puta manía de ponerse croqueta, que casi nos condena a todos a un infierno seguro.
El señor de los deseos se dedicará todo el metraje a intentar encontrar a la persona que lo liberó de la joya para concederle tres deseos, poniendo como pago el alma inmortal del interfecto y así traer el mal a nuestro plano existencial. Por el camino se cruzará con todo tipo de seres peculiares, a los que ofrecerá sus servicios de genio, y que demuestran ser extremadamente gilipollas al formular en voz alta los deseos que se le vengan primeramente a la cabeza.
Detrás de todo este contexto histórico, Wishmaster no deja de ser un slasher, más adulto que scream como comentaba anteriormente, y más serio que Pesadilla en elm street y todo lo que se había convertido la franquicia por aquel entonces. Acusa influencias de Hellraiser, innegable, y le encuentro también cierto parecido con otra gran saga noventera, Candyman - delicioso el cameo de Tony Todd como vigilante de seguridad - aunque es un film que se aguanta por sí mismo. Además tengo la sensación de que con éste señor de los deseos, Craven desató la imaginación y probó con él todo tipo de cosas que no había hecho con Freddy, la resolución de los deseos en la mayoría de los casos es bastante currada y original.

El Djinn está interpretado magistralmente por Andrew Divoff, el amo absoluto de las sonrisas hijoputescas, que se sale en su papel. No penséis que es un calco de Krueger, pues estaréis muy errados, encierra por sí mismo un carisma suficiente para no tener que compararlo con nadie.
A las apariciones estelares hay que sumarle un pequeño papel interpretado por Ted Raimi (si, amigos, el hermanito de Sam) y a Reggie Bannister (el calvo con melena de Phantasma) dando vida a un farmacéutico que muere de una de las peores formas posibles.
Donde la peli hace aguas es en el apartado técnico, concretamente en los efectos especiales. No sé si por carencias de presupuesto, pero para datar del ‘97 lo cierto es que hay algunas secuencias que se antojan algo cutres, o más bien podríamos decir que han envejecido mal. En contrapartida, el apartado del maquillaje es sobresaliente, Divoff en su versión genio cabrón está de muerte. Se nota que Gregory Nicotero andaba por ahí dando vueltas.
Si valoramos todos los pros, tenemos una historia bien narrada, con muertes histriónicas y mucho gore, que tal vez no pasará a los anales del género pero no merece estar tan olvidada como está. De las secuelas ya hablaremos en el futuro, mientras tanto ir degustando ésta pieza de buen terror de los ‘90.

NOTA: 8/10

sábado, 16 de febrero de 2013

THE BURNING MOON (OLAF ITTENBACH, 1992)

 
Año: 1992
País: Alemania
Duración: 86 min
Director: Olaf Ittenbach

Ficha completa AQUÍ

ARGUMENTO
Dos cuentos con profusión de efectos gore y demás truculencias propias del cine alemán underground: 1) Un psicótico aterroriza a una chica y a su familia. 2) Un sacerdote es también un peligroso asesino en serie que viola y asesina en pos de salvar almas.

COMENTARIO
Pura controversia contiene el objeto de nuestro análisis de hoy. Polémica y censurada por todas partes, aunque sobre todo en su país de origen, The Burning Moon constituye todo un símbolo para la libertad de expresión y creación artística, y guarda una interesante y truculenta historia detrás.
Pero como siempre, no puedo comentarla sin antes echar la vista atrás y recordar aquella época en que conseguir bizarradas era toda una hazaña. Ahora tenemos google y podemos teclear “cine gore” cuando queramos, y desde ahí acceder a todo un mundo de sobreinformación, pero antes solo nos quedaban las publicaciones underground hechas por y para enfermos o los videoclubs, espacios condenados a la extinción y que eran todo un santuario y punto de encuentro para los frikis de la hemoglobina y los productos aparecidos directamente en video.

Fue en el videoclub de mi barrio, precisamente, donde me encontré con ésta peli en una de mis expediciones cinéfagas buscando abastecerme de bazofia para todo el fin de semana. Me asaltó la duda en el momento en que vi un plástico negro que cubría toda la carátula, y encima impresas dos palabras que llamaron mi atención muchísimo: portada censurada.
Automáticamente fuí en la búsqueda del encargado a preguntarle por aquello. ¿Portada censurada? ¡Aquello tenía que ser brutal! Joder, si tenían toda la sección de porno al descubierto, donde uno podía ver una simpática y pizpireta asiática introducirse dos manubrios por el ano, o a una guapa rubia saboreando cantidades ingentes de esperma... para censurar aquello, es porque por fuerza tenía que ser burrísimo.
- Está censurada porque es lo más bestia que se ha hecho en el cine- me dijo el currela del establecimiento. -Incluso el director ha pisado talego por haber hecho la peli...
Sin duda, el jodío cabrón sabía como picarme la curiosidad y crearme expectación, porque enseguida estaba intentando llevármela, pero el tío no me dejaba. Quise convencerle diciéndole que ya había visto Braindead y que estaba “preparado” para lo que fuera... pero nada, se escudaba en que era menor y se podía meter en un lío si me la alquilaba.
Ese día no me la llevé, ni al finde siguiente, ni al mes siguiente... no se si de tanto insistir se acabó cansando, el que la sigue la consigue (o la persigue, más bien) pero lo cierto es que finalmente lo convencí. Todavía recuerdo que la alquilé junto a “Noche de miedo” y “Halloween III” y pasé toda la noche del viernes encerrado en el salón viendo una tras otra... ¡Qué tiempos!
Lo cierto es que la portada me decepcionó muchísimo. Una calavera a la que salían llamas por las cuencas oculares... ¿Y pa esto tanto cachondeo? pues como la peli fuera igual, menudo chasco que me iba a llevar. No nos engañemos, la peli es cutrona, pero desde luego indiferente no me quedé.
Primero de todo, hagamos un repaso a The burning moon y sus circunstancias. Olaf Ittenbach, tres años antes dirigió “Black Past”, un film modestísimo que contó con gran aceptación tanto de crítica como de público. Vamos, que a los cuatro frikis que tenían un fanzine y les molaba el rollo les gustó la cosa, y Olaf acabó recuperando una cantidad que multiplicaba por ocho lo que había invertido en hacer esa cinta.
Ya en 1992 y con 18000 euros de presupuesto, se embarcó en la creación de The burning moon, que a la postre sería considerada como la película más prohibida del género gore y el film independiente más vendido en Japón entre 1993 y 1994. Ittenbach tuvo que pagar una fuerte multa al estado alemán, según las autoridades teutonas por difamar a la iglesia católica de aquel país y fomentar la violencia. Nunca he oído nada al respecto de aquello que me comentó el del videoclub, que el director estuvo en chirona, pero tampoco me extrañaría; llegaron a retirar copias en un montón de países. Finalmente tuvo que estrenarse con clasificación X, dejando al vapuleado director prácticamente en la ruina... y olé sus cojones, porque pese a todos los contratiempos terminó sacando el proyecto hacia adelante.
Recientemente la he vuelto a ver, por aquello de tenerla un poco más fresca para hacer la review, y me ha servido para sacar unas cuantas conclusiones nuevas y reafirmar otras: no es la peli más bestia del denominado ultragore alemán, es deficiente en muchísimos aspectos, pero tiene una serie de cualidades que impactan bastante.

Olaf Ittenbach, haciendo apología de la filosofía Juan Palomo, también actúa en la cinta haciendo el papel de Peter. Interpreta a un chaval problemático, pandillero y heroinómano, al que sus padres dejan al cuidado de su hermanita pequeña. Ya desde el principio podemos constatar la absurdez del guión, yo no dejaría a semejante pájaro al cuidado de una niña; aunque obviemos un fallo así... tengamos presente de que esto es puro underground.
Peter se mete un chute de caballo del copón, y con los ojos como puntas de alfiler se prepara para contar a la cría dos historias muy “apropiadas” para que ésta concilie el sueño de forma tranquila, segura y feliz.
“El amor de Julia” es el primer cuento que relata, y trata sobre un psicópata que escapa del centro donde se encuentra recluido y deja todo un reguero de cadáveres a su paso. En mitad de su particular cruzada, conoce a Julia, una jovencita alegre de la que se “enamora” y la lleva a cenar. La cita transcurre sin contratiempos de ningún tipo, todo es perfecto, maravilloso... hasta que suben al coche y el psicótico se da cuenta de que se ha quedado sin tabaco.
Mientras va a por cigarrillos, a la buena de Julia le da por conectar la radio del vehículo y en ese momento (puta casualidad) escucha una descripción del asesino que anda suelto, acompañada de la matrícula del coche que conduce.
Julia se apea, comprueba que los dígitos de la placa coinciden con los que ha escuchado en las noticias y sale corriendo como alma que lleva el diablo, tratando alejarse lo más posible de aquel puto engendro asqueroso. Pero la muy tonta del culo se ha dejado un objeto bastante comprometedor en el asiento, ni más ni menos que la cartera con toda su documentación.
Así que allá se presentará el simpático jovenzuelo, dolido por la espantada de la moza, y con intenciones de perpetrar una venganza que sirva como correctivo frente a los malos modales de Julia.
El resto, os lo podéis imaginar; cabezas cercenadas, dedos amputados, puñaladas, gargantas seccionadas... todo un festín de gore cutre de la más baja estofa, un abuso de litros de sangre falsa y vísceras de charcutería.
   
La segunda historia se llama “La pureza” y nos conduce a la Alemania de finales de los años cincuenta, donde un cura majísimo se dedica a violar jovencitas y posteriormente sacrificarlas en honor a Satán. En el lugar de los hechos, un pequeño pueblecito, los lugareños tienen la mirada puesta sobre el tontico del pueblo, al que finalmente acaban cargándose por creerle culpable de los crímenes.
En éste segmento de la película hay toda una sátira bestial a la iglesia,  conjugado con un gore aún más cafre que en el anterior, y una particular visión del infierno donde se parte a la gente por la mitad, se sacan órganos vitales con sacacorchos gigantes y hasta se atraviesan dientes con un taladro. De toda esta historia, yo destacaría el demonio chungo con los clavos en el ojo y al cura embadurnado en sangre, frotándola y extendiéndola con deleite por su cuerpo mientras profiere un “Ahhhh” de puro placer que, sumado a la calidad del doblaje, puede haceros saltar las lágrimas de risa.
The burning moon es extremadamente sádica y enfermiza, con planos mal hechos, FX que van desde lo cutrísimo hasta lo curradísimo (se puede oír el compresor que dispara la sangre en las escenas donde hay tiros, por ejemplo) y con unas actuaciones que lejos de ser regulares o sobreactuadas, van más allá todavía porque son completamente amateur.
Desde luego, yo establezco el baremo crítico desde el punto de la casquería, porque si intentamos adoptar un prisma focalizado en la calidad técnica, no se sostiene por ningún ángulo. Ittenbach forma, junto con Schaas y Buttgereit la santísima trinidad del ultragore alemán, y si gustas del género, The Burning Moon es un clásico del rollo, algo que no te puedes perder.


NOTA 7/10

sábado, 26 de enero de 2013

DE CINE: CREEPSHOW 2

Año: 1987
País: USA
Duración: 90 min
Director: Michael Gornick
 

Ficha completa AQUÍ

                                        ARGUMENTO
Un niño de trece años de edad llamado Billy, espera la llegada del último número de "Creepshow", junto con un espíritu macabro llamado Creep, que le cuenta sus últimos cuentos de terror. En "El Viejo Cabeza de Madera", tres delincuentes asesinan a los propietarios de una tienda en cuya puerta se encuentra el totem de un viejo jefe indio, estatua que será profanada durante el asalto.

                                        COMENTARIO
Ya estoy de vuelta!! No, no he desaparecido en combate ni abandonado el blog. Últimamente he estado de exámenes y he tenido algunos problemillas que me han obligado a mantenerme alejado de mi “bitácora” (que cool que suena,  por dioh) pero he regresado para seguir comentando una por una todas aquellas películas infectas que poblaban las estanterías de los videoclubs hace un par de décadas.
Vamos a ponernos los guantes de látex y a pillar el escalpelo para diseccionar otro de esos cadáveres en imágenes, la secuela de la gran Creepshow (o Crihsou, como se conoce en mi tierra). Interesante y entretenida, esta segunda parte se compone de tan sólo tres historias y una cuarta que hace de nexo de unión entre ellas, aunque originalmente tengo entendido que estaba planeado filmar cinco segmentos; cosa que por temas de presupuesto no se pudo hacer.
De primeras tenemos un inicio cojonudo, donde un Tom Savini maqueado y caracterizado al estilo Creepy aparece en un camión repartiendo unos cómics a un crío en bicicleta que espera pacientemente. Después de unas cuantas escenas hace aparición el ya tan característico formato de dibujos animados y nos vamos de cabeza al lejano oeste a degustar la primera historia.
“El viejo jefe cabeza de madera” es el pistoletazo de salida de la película y aunque repleta de clichés, la encuentro amena y bien narrada. Trata de una pareja de ancianos que son propietarios de un negocio de ultramarinos en un decadente pueblecito perdido en algún lugar del desierto americano. Ray, el dueño del establecimiento, tiene problemas de impago con una tribu autóctona del lugar y su mujer le insiste para que deje de fiarles artículos. No obstante él es consciente de que son malos tiempos para todos y defiende la idea de que hay que confiar en los nativos, ya saldarán sus deudas más adelante.
Por leyes del destino aparece por el local Ben Lunablanca, el jefe supremo de la tribu, portando un fardo con un contenido inesperado: los tesoros más valiosos para su pueblo, valorados en miles de dólares. Ben comenta a Ray que si en dos años no han pagado sus cuentas pasará a ser el propietario del fardo con todo lo que hay en su interior. Y después de esta demostración de buen hacer, confianza y fomento de la multiculturalidad... viene un gilipollas y lo jode todo.
Sam Lunablanca, sobrino del jefe de la tribu entra en la tienda para pegar un palo y de paso “recuperar” los tesoros que su tío ha dejado allí. Es el típico chulo guaperas, que con dos compañeros de fechorías (un niño pijo y un gordo estúpido) pretende mangar todo lo que pueda a Ray y su mujer para darse el piro a Hollywood y triunfar en una maravillosa carrera como actor.
Pero el robo se acaba truncando en algo mucho peor cuando acaban disparando por accidente a la dueña del negocio, y por consiguiente a Ray por aquello de no dejar testigos. Cogen lo que quieren de la tienda y se van cada uno a su casa a prepararse para emprender rumbo a Los Ángeles aquella misma noche.
Es entonces cuando cobra vida un viejo indio de madera que había estado siempre a la entrada de la tienda e irá en busca y captura de los tres asesinos para brindarles una muerte atroz y despiadada. Buenos efectos especiales pese a que el indio se intuye en la mayoría de las ocasiones; en el fondo es un slasher normal y corriente pero con elementos sobrenaturales.

“La balsa” es el segundo corte de la peli y a mi juicio el relato más interesante. Dos chicos y dos chicas jóvenes se disponen a pasar un rato agradable en un lago apartado, en el que se encuentra una balsa flotando a la deriva. Después de nadar un rato y situarse en la balsa de marras, aparece una mancha negra de consistencia parecida al petróleo y se sitúa debajo de ellos. Todo sería perfectamente normal si no fuera porque la jodida manchita parece tener vida propia e intenciones homicidas.
La balsa goza de muy buenas actuaciones, dotadas de una credibilidad que ciertamente se agradece en este tipo de cine. Las muertes están bien planteadas y son originales, y el final es bastante retorcido e inesperado.

“El autoestopista” cierra el séquito, sin género de duda la más floja y aburrida de las tres. Aquí el dilema de la moralidad e infidelidad hace aparición en una historia en la que una mujer se encuentra gozando de los honorarios de un amante por horas, un gigoló si lo preferís. La buena señora entre orgasmo y orgasmo no se  ha coscao de que va a llegar tarde a casa y su marido se va a oler la tostada, así que sale como alma que lleva el diablo en dirección a su tierno hogar.
Pero con las prisas, la recién follada mujer atropella a un indigente que hacía autostop en una carretera solitaria, y en una oda al sin-sentido común decide omitir las labores de auxilio en carretera y salir por piernas del lugar. Entonces el autostopista, convertido ya en cadáver viviente, saldrá en pos de la adúltera persiguiéndola sin descanso.
Lo más destacable, el maquillaje del atropellado porque consigue dar mucho mal rollo, aunque en el resultado final no se llega a crear una situación de agobio y tensión. También podremos ver al buen Stephen King haciendo un cameo como camionero.
Concluyendo, eso de que segundas partes nunca fueron buenas no se cumple del todo con Creepshow 2. Cierto es que no llega al nivel de la primera, pero es una más que digna y divertida continuación que nadie debería perderse.
Dedico esta review a mi gran amigo y hermano Oscar Reka, a ver si es verdad que lee mi blog aunque le parezca una mierda podrida llena de gusanos.

NOTA 8/10

domingo, 13 de enero de 2013

DE CINE: EL VENDEDOR DE HELADOS (THE ICE CREAM MAN)


Año: 1995
País: USA
Duración:
84 min 
Director: Paul Norman
 Ficha completa AQUÍ

                                      ARGUMENTO
Gregory Tudor, un niño pequeño, es testigo del brutal asesinato de su ídolo, el vendedor ambulante de helados del barrio y, debido a la conmoción, es internado en un centro psiquiátrico. 20 años después, Gregory decide abrir su propio negocio de helados, pero su locura pronto lo llevará cometer todo tipo de atrocidades...

                                     COMENTARIO
Conocí la peli de marras un dia que la pillé de rebote en la TV, según mis cálculos debió de ser en algún momento en que la década de los 90 tocaba a su fin. La había recordado en numerosas ocasiones, hablado con colegas de mi edad y preguntado a todo aquel que pudiera haberla visto; pero nadie me daba una mísera pista que pudiera conducirme hasta el título de la susodicha. Pero queridos amigos, esto de internet hace maravillas, y gracias a la tremenda web de ABANDOMOVIEZ y su extensísima base de datos de cine (os la recomiendo encarecidamente) me encontré con la ficha. La he buscado por ahí, la he encontrado y aquí os traigo mi pequeña disección, por si alguno se encuentra en la misma situación que yo y le apetece recordar un poco aquellos extraños años 90.
El vendedor de helados es un slasher que apareció en la época en que el género estaba más de capa caída que nunca, antes de que aterrizara Craven con su Scream y le diera un lavado de cara a toda la movida. Trata sobre las andanzas de Gregory Tudor, quien de pequeño presenció el asesinato de su ídolo, el rey de los helados, y a consecuencia de eso padeció diversos traumas que lo mantuvieron encerrado en una institución psiquiátrica una buena temporada.
Ya crecidito y supuestamente rehabilitado, Gregory se incorpora al mundo laboral bajo el nombre de “El príncipe del helado”, en claro homenaje a su héroe, y se convierte en vendedor ambulante de tan exquisita golosina.
Pero debajo de algo tan aparentemente inocente se esconde un asesino de mente retorcida, que secuestra niños para descuartizarlos y convertirlos en un ingrediente más de sus helados; aunque no hará ascos en quitar del medio a policías, detectives y cualquiera que se le cruce en el camino. No obstante, una pandilla de críos del barrio que se hacen llamar “Los Gángsters” intentará desenmascararlo para que todo el mundo conozca sus verdaderas intenciones.
Clint Howard, al que ya vimos haciendo tratos con el mal a través de un commodore 64 enEl legado del diablo”, es el elegido como protagonista para encarnar a Gregory Tudor (vaya, Tudor, eso sí que es un nombre de pila!!) y sin duda hace una interpretación fantástica para tratarse de un simple y cutre telefilm. Realmente da mal rollo verle, yo no le compraría un helado en la puta vida, sus muecas y gestos son dignas del cinturón negro 1er DAN de la demencia.
El resto de actores... pues se puede rescatar muy poquito, sobreactuación por un tubo a la que no ayuda un argumento con agujeros por todas partes. En ocasiones los jodidos críos me resultaban tan repelentes que tenía ganas de que el buen heladero se los cargara de una vez.
Los FX son bastante pésimos, y técnicamente es una mierda de dimensiones épicas de la que después no recordaremos nada salvo un par de buenos momentos gore y alguna que otra cabeza ensartada en un cucurucho de galleta.
El vendedor de helados es una de esas pelis que si te gustó y te dio miedo cuando eras niño, mejor quédate con el recuerdo porque no resiste un revisionado. Yo después de haberme quitado la espinita, no pienso repetir. Reitero, lo único destacable es Clint Howard y sus locuras, lo demás no vale ni para estar escondido.

NOTA 2/10