Mostrando entradas con la etiqueta supervivencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta supervivencia. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de febrero de 2013

DE CINE: EL TERROR NO TIENE FORMA (THE BLOB)

Año: 1988
País: USA
Duración: 95 min
Director: Chuck Russell (AKA Charles Russell)
 
Ficha completa AQUÍ

                                       ARGUMENTO
Una malévola forma de vida viscosa irrumpe en un tranquilo pueblo de Arborville. Sin problemas de conciencia ni inteligencia alguna, The Blob sólo sabe hacer una cosa, pero es todo un experto en ello: comerse todo lo que se mueve: hombres, mujeres o niños... Remake de un conocido filme de los años cincuenta (The Blob, 1958, con Steve McQueen).

                                       COMENTARIO
No recuerdo la fecha con exactitud, pero según las fuentes oficiales la movida ocurrió a finales de Enero de 2003. Me resulta increíble que haya transcurrido ya toda una década desde entonces, y más raro aún ser consciente de que recuerdo aquella noche con total claridad, pese a llevar una turca como un piano de grande. Pero qué le vamos a hacer, tenía diecisiete añitos recién cumplidos y como todos los chavales a esa edad lo único que quería era salir hasta las tantas y agarrarme unas moñas de espanto... aunque a decir verdad, no he madurado mucho en estos diez años.
Estaba con un par de colegas en un parque a las afueras de Puertollano, mi pueblo natal, situado en la provincia de Ciudad Real, sitio donde se cuenta que hace unos siglos vivió un ingenioso hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Eran... ¿seis? ¿siete? cubatas de Cutty Sark los que me había metido entre pecho y espalda, y me habían proporcionado algo así como una inyección de adrenalina que me hacía mover la cabeza como un loco al ritmo de la batería de Gene Hoglan.
Mis dos amigos no estaban mucho más serenos que yo, para qué engañarnos, dios no nos criaría... pero nosotros nos juntábamos. Entre conversaciones absurdas, bebida, música y un frío de cojones pasábamos la noche con toda normalidad, como otras tantas en las que habíamos hecho siempre lo mismo; hasta que sucedió una cosa a todas luces insólita que se convirtió en lo más raro que he visto en toda mi vida.
Fue visto y no visto, con un rapidez increíble. Una bola de fuego de dimensiones acojonantes cayó del cielo y se fue a estrellar a unas decenas de metros de nosotros, provocando un temblor de tierra que hasta nos volcó los vasos con el bebercio. Me giré lentamente y miré a mis amigos cara a cara, para encontrarme dos rostros ojipláticos que parecían esculpidos en piedra. Observé el canuto que tenía en una mano con expresión desconcertante ¿qué mierda me estaba fumando? ¿sería una alucinación, producto del thc? ¿O quizás había caído un puto meteorito en mi pueblo, delante de mis narices?.
- Hos...tia...pu...ta - dijimos los tres mosqueteros al unísono. A lo lejos se divisaba un incendio que poco a poco se iba avivando y parecía un claro indicador del punto de impacto. Nos metimos en el coche, un citroën ZX con más años de un saco de gnomos, y nos lanzamos campo a través en dirección del resplandor.
Cuando por fin llegamos al sitio y puse un pie en tierra, se me aceleró el pulso y percibí un regusto amargo en la garganta. Tenía delante un cañaveral, una jodida zona pantanosa de las que tanto abundan en mi pueblo, que se estaba chamuscando como paja seca. Había unos surcos con juncos aplastados ardiendo a lo largo de unos cuantos metros, como si lo que quiera que hubiera caído allí se hubiera ido frenando hasta detenerse por completo. Donde terminaban los surcos había una masa ardiendo del diámetro de una furgoneta; y lo más cojonudo de todo el caso es que el fuego salía... de debajo del agua. La charca se estaba quemando delante de nuestros ojos como si fuera lo más natural del mundo.
Qué rabia me da que por aquellos entonces los teléfonos móviles no tuvieran cámara de fotos incorporada, así podría haber tomado unas cuantas imágenes para el recuerdo. Saqué mi fabuloso ALCATEL de defensa personal y llamé a la policía. Digo de defensa personal porque era tan grande como un ladrillo y pesaba el triple, con eso se podía descalabrar a un rinoceronte.
Lo mejor fue cuando aparecieron al rato los maderos por el lugar y nos preguntaron si lo habíamos prendido nosotros. Es lo más obvio, prender fuego a un lodazal, de verdad a éstos no se qué carajo les enseñan en la academia... pero vamos, ahora que lo pienso, supongo que debieron flipar al encontrarse aquello en llamas y tres chavales borrachos como piojos danzando por el lugar.
Cuando el que parecía el jefe de los pitufos se aproximó a la bola llameante, una idea me comenzó a rondar la mente y me reí tan alto que debieron pensar que además de borracho era subnormal. Hostia, ¿Qué pasaría si ahora saliera una masa de color rosado del interior y se comiera al imbécil del policía? ¡Sería cojonudo! ¿Y si después de eso se fuera comiendo uno por uno a todos los catetos, chonis y gañanes que habitaban por las cercanías? ¡Mejor todavía!
Pero no, no pasó. Se ve que los meteoritos guays que devoran seres humanos sólo caen en las zonas rurales de Estados Unidos, y en las zonas rurales de La Mancha nos tenemos que joder y conformarnos con la basura cósmica de segunda división que no lleva en su núcleo formas de vida con instintos asesinos.
Después llegaron los bomberos, y cuando llevábamos un rato insistiendo para que nos dejaran una manguera a cada uno, nos acabaron echando del lugar. Panda de capullos, rechazar de esa forma una muestra de colaboración ciudadana... ya les vale. El tema es que lo que fuera que cayó aquella noche no contenía ni microbios, ni gérmenes ni nada por el estilo, y a día de hoy Puertollano sigue siendo todo un hervidero de catetos, chonis y gañanes.
Por cierto, hasta  Friker Jiménez se hizo eco del suceso unos años más tarde y le dedicó un espacio en Cuarto Milenio, donde entrevistó a algunas personas que vieron el fenómeno, pero de los tres chicos con melenas que dieron la voz de alarma nadie se acordó. Aquí tenéis el vídeo, por si queréis verlo:
     

Pero como comentaba anteriormente, en USA reciben desde el espacio todo tipo de mierda interesante; así lo demuestra la gran película “El terror no tiene forma”, también conocida como “The blob”. Se trata de un remake de una película americana de los años ‘50 llamada “La masa devoradora”, y es de las pocas ocasiones en que un remake supera la obra original.
Hacía mucho tiempo que no la veía, y gracias a mi particular proveedor de broza en formato DVD, Dani Krudo Czarnian, he podido darle un repaso que ha servido para afianzar todavía más mis impresiones para con este film: me encanta, la encuentro una peli divertidísima que resiste con fuerza el paso del tiempo.
Es una cinta totalmente apta para nostálgicos de los ‘80 y que reúne todos los elementos que engrandecían el cine fantástico de aquella época. Con un inicio arrollador, veremos un meteorito que cae en alguna zona remota de los Estados Unidos; del que sale una sustancia color rosa muy parecida a los mocos de “Cazafantasmas 2” y que atacará primero a un mendigo, y posteriormente tratará de papearse todo lo que camine de espaldas al Sol.
La acción se centrará sobre todo en Brian y Meg, que intentarán detener el avance de la masa antropófada que crece sin control y mesura con cada cuerpo que deglute. Brian (Kevin Dillon) es el típico gamberro con mucha jeta, pero en el fondo es buen chaval y hará todo lo que esté en sus manos para evitar que su pueblo se vaya al carajo. Shawnee Smith encarna el rol de Meg, sin duda lo hace genial, la encuentro una actriz muy expresiva; unos años más tarde l encontraríamos haciendo de Amanda en la saga SAW.
Al margen de la masa de las pelotas, también nos encontramos con un gobierno que intenta ocultar información, y un cuerpo de policía que no sabe muy bien qué hacer con la situación, por tanto todo dependerá de los habitantes de la localidad y su pericia.
Otro de los puntos que me encantan de la película es que no hay concesiones de ningún tipo con los personajes, no te puedes encariñar con ellos en exceso porque cualquiera puede ser víctima del mondongo rosado. La primera escena que se me viene a la mente es la de la camarera encerrada en la cabina telefónica, o la del niño siendo devorado en las cloacas. Ésta última, por cierto, fue muy criticada por todo el mundo al mostrar la truculencia de la muerte violenta de un menor.
En el apartado de los FX nos encontraremos todo un despliegue de imaginación, cosa comprensible teniendo en cuenta que andaba por ahí metido Greg Nicotero, a destacar las muertes que componen toda la cinta, mucho más explícitas y salvajes que las del film original de los 50.
Su gran ritmo narrativo, acción y dosis de suspense la han convertido en una obra muy apreciada por los fans del género de todo el mundo, y su buen estado a día de hoy la convierte en un clásico. No será tan conocida como otras, pero igualmente merece un lugar en tu videoteca.

NOTA: 8’5/10

martes, 29 de enero de 2013

DE CINE: ZOMBIE, EL AMANECER DE LOS MUERTOS VIVIENTES (1978)

Año: 1978
País: USA
Duración: 126 min
Director: George Romero
 

Ficha completa AQUÍ

                                    ARGUMENTO
La epidemia que hace resucitar a los muertos convertidos en seres ávidos de carne humana se ha extendido, llegando al punto en el que varias ciudades han quedado prácticamente desiertas. Los supervivientes deben refugiarse en zonas militares ya que los zombies no dudan en acabar con sus propios familiares... Continuación del clásico de horror de George A. Romero "La noche de los muertos vivientes

                                    COMENTARIO
Mucho no, muchísimo se ha escrito ya de ésta película hoy en día, 35 años después. Yo no voy a aportar nada nuevo, soy consciente de ello, ya que internet está a rebosar de información y hay toda una legión de bitácoras en la blogsfera con reviews maravillosas de gente que sabe bastante más de cine que un servidor.

No obstante, ¿Cómo resistirse a comentar una obra maestra del cine de terror en general y la mejor película del subgénero zombie en particular? Desde luego, es un film que he visto en innumerables ocasiones y siempre consigue maravillarme y estremecerme a partes iguales. Y curiosamente, pese a ser una de las películas que más he revisionado desde que era apenas un chavalín imberbe, me resulta tremendamente complejo el ponerme a desgranar un trabajo así como éste se merece. Si me preguntáis por qué, os diré que todo va más allá de seres putrefactos caminando sin rumbo fijo; “Zombi” contiene una fuerte crítica política, al racismo y al consumismo que se puede apreciar a lo largo de todo el metraje. 
George Romero siempre ha profesado una inclinación política por las tendencias de la izquierda y, creedme, esto está plagado de referencias que así lo atestiguan. Pero, como dijo Jack el destripador, vamos por partes... os espera un tocho de cojones.
Si hago memoria, los primeros recuerdos que tengo de la secuela del clásico por antonomasia “La noche de los muertos vivientes” son de cuando debería tener siete u ocho años. Mi señor padre siempre ha sido consumidor de todo tipo de películas basura (de tal palo tal astilla, como se suele decir) y a mí me encantaba sentarme a su lado y verlas con él. Como cualquier hijo de vecino me giñaba patas abajo con todo momento terrorífico; la diferencia es que mi viejo me iba explicando las escenas y cómo las hacían, y eso permitía que el miedo perdiera terreno frente a la natural curiosidad infantil que se apoderaba de mí con cada una de nuestras sesiones cinéfilas. Pero había ocasiones en las que consideraba que determinados films eran demasiado fuertes para un crío, y me enviaba al salón de mi casa donde tenía que tragarme “lo que necesitas es amor” o cualquier bodrio del estilo que veían mi madre y mi hermana en el otro aparato de televisión que teníamos.

Y en concreto fue uno de esos días cuando tuve consciencia de que “zombi” existía. Pese a resistirme de todas las maneras, jurar y perjurar que no me asustaría y probar mis mejores artimañas, mi viejo mantuvo una fuerte negativa. “Cuando seas mayor”, me decía, y aquello me cabreaba un montón. Como bien sabréis, no hay nada que cree mayor fascinación a un niño que la prohibición, así que al rato volví y asomé uno de mis ojos por el hueco de la puerta con la intención de ver aunque sólo fueran unos segundos de aquella barbaridad. Recuerdo una serie de individuos de rostro azul apelotonados frente a una puerta de cristal, arañando el aire con mirada perdida.
¡Hostia puta! cinco segundos de visionado me costaron un mes entero de no atreverme a salir al pasillo de noche, por miedo de que alguno de aquellos seres pudiera estar aguardando en la oscuridad. Si hubiera llegado a ver la película entera creo que me hubiera dado un infarto o algo así.

Esa escena se grabó a fuego en mi mente y la evoqué bastantes veces a lo largo de la pubertad. ¿Quiénes serían aquellas personas con la cara color pitufo? ¿Por qué estaban allí? ¿Qué hacían con los ojos idos, deambulando sin control? joder, cuanto misterio...
No fue hasta mis trece años que tuve ocasión de alquilarla en vhs, y posteriormente comprarsela al dueño del videoclub después de una decena de rentas y mucho insistir. Y lo máximo fue cuando la conseguí en DVD de oferta algún tiempo después, con unos extras de puta madre y una calidad increíble, sobre todo teniendo en cuenta que siempre la había visto en una cinta de vídeo más gastada que la piedra del mechero de Bob Marley.
Por cierto, dicho DVD se lo presté a un amigo que tenía por la época y al que nunca más volví a ver el pelo, jamás me cogió las llamadas ni me respondió a los mails. Así que, querido ex amigo, en el remotísimo caso que estuvieras leyendo esta review, que lo dudo, espero que te metas el jodido disco por el culo y te mueras de una hemorragia rectal por hijo de puta.

Si en la primera parte de la los hechos ocurrían en su mayor parte en una casa particular, para la segunda entrega George Romero, tras mucho pensar, acabó escogiendo un centro comercial como escenario principal después de una visita a uno de ellos para realizar unas compras con su señora esposa. Es evidente que aquí trató de ofrecer una nueva vuelta de tuerca y lo consiguió, magnificando desde el entorno hasta los personajes pasando por el componente político. Con “zombie” se asentaron todos los cánones que marcarían la historia de un género que estaba por venir y sería explotado hasta la saciedad, para caer después en el más absoluto olvido y posteriormente resurgir con fuerza, pues hace unos cuantos años que vienen estando de moda otra vez nuestros amigos putrefactos; no ya sólo en el cine sino también en la literatura, videojuegos y series.
Y si nos lanzamos de cabeza a la piscina, la trama nos cuenta lo siguiente:
No se sabe cómo, ni porqué, pero los muertos están volviendo a la vida. Se habla de contagios infecciosos por mordidas de unos seres que no están vivos pero se mantienen en una especie de estado consciente en el que les mueve su instinto más primario, la necesidad de alimentarse. El mundo entero está sucumbiendo a estos hechos sin poder hacer nada para evitarlo, los expertos y los comités de sabios que se hallan parapetados en ocultas fortificaciones tienen teorías y protocolos de actuación muy diversos y de índole absolutamente contraria.
Por un lado, tenemos a los que sostienen la teoría de la eliminación de los no muertos de forma  inminente mientras aún no sea demasiado tarde, y en contrapartida están los que defienden que incluso se debería alimentar a los zombies. Como podéis ver, son los reflejos puramente realistas de una sociedad llevada al límite y superada por las circunstancias.

En medio de todo este embrollo se encuentran Peter (Ken Foree) y Roger (Scott H. Reiniger) que son dos miembros de una unidad de fuerzas especiales de la policía americana. Se han conocido en un asalto a un bloque de edificios de los suburbios, plagado de zombies por todas partes.
Roger ofrece a Peter la posibilidad de marcharse de la ciudad mediante un amigo suyo que es piloto de helicópteros, a lo que Peter acepta sin titubear. Así pues, se escapan junto con el piloto, de nombre Stephen (David Emge) y su parienta, una rubita que por la época estaba de muy buen ver llamada Francine (Gaylenn Ross). El cuarteto se desplaza a la deriva por los aires hasta que llegan al tejado de un inmenso centro comercial y deciden establecerse allí para explotar las enormes capacidades de supervivencia que el edificio les ofrece.
Evidentemente, aquel exagerado y mamotrético centro comercial está lleno de zombies hasta la bandera, así que tendrán que asegurar todos los accesos y después eliminar a los caminantes que pululan en su interior. Aquí podremos observar más de cerca a los zombies y su forma de actuar, su comportamiento errático que se escapa a todo razonamiento comprensible y que en el fondo no es más que un reflejo residual de una serie de conductas rutinarias de las que eran partícipes en su estado de vida anterior.

Y lo cierto es que esa relativa paz y seguridad les dura poco tiempo, aunque a priori parezca que se va a ver comprometida por las hordas de engendros podridos que asedian el lugar, lo cierto es que nada más lejos de la realidad. En concreto será una banda de saqueadores profesionales cabalgando en sus motocicletas, que aunque no se deja ver a las claras a mí me da la impresión de que se trata de Hell Angels en toda regla.
Los moteros irrumpirán en el centro comercial llevándose todo lo que puedan por delante, poniendo en serio peligro la estabilidad que Peter y compañía se han ganado por sus propios medios con ingentes cantidades de esfuerzo, y obligándoles a emprender de nuevo una huída... si es que logran sobrevivir, obviamente.

Es innegable que las películas de zombies han sufrido una brutal evolución técnica en todos estos años, tanto en maquillajes como en efectos especiales; pero ésta fue la primera en plantear un horror y una sensación de abandono y claustrofobia tan depurada. George Romero también supo proporcionar ciertos guiños y toques de humor extremadamente estudiados (el detalle del zombie Hare Krishna, por ejemplo) en medio de una acción sin tregua y un ritmo endiablado. Y ya que hablamos de ritmo, no está de más comentar que existen varias versiones de Zombie, algunas con más minutos y otras con muchas escenas cortadas que hace que algunos momentos no se entiendan del todo. Son 115 minutos en la versión europea, mientras que la americana ofrece 125 (largo eh, para tratarse de una peli de muertos vivientes) y hasta hay un montaje del director que dura.. 140 minutos!! de estos datos no tenía noticia, hasta que consulté el blog de mi amigo Raúl Cifuentes (horrorelhorror.blogspot.com) a quien considero uno de los mejores críticos de cine de terror fantástico que hay en nuestro país ahora mismo y recomiendo que visitéis su blog como mínimo un par de veces a la semana.
En el apartado de las interpretaciones podemos hablar de actores de gran calidad, sobre todo Ken Foree en su papel de Peter. Encarna a un líder carismático, de sangre fría, sabe cómo actuar y anticiparse a las jugadas, no tiene pánico a los zombies pero tampoco los subestima... desde luego es una pena que Foree no saliera de la serie B en su puta vida, porque actúa muchísimo mejor que la mayoría de protagonistas de películas de ·”terror” de hoy día. Antes de que se me olvide, también podemos verle en el remake de 2004 de esta misma cinta, haciendo de tele predicador y repitiendo una de las frases que hicieron famosa a “Zombie”: cuando en el infierno ya no queda sitio, los muertos salen de sus tumbas y vuelven a la tierra...”
La banda sonora es sin duda otro de los puntos fuertes del film, los italianos Goblin, colaboradores habituales de Dario Argento (quien también estuvo rondando por la peli, y que después aprovecharía el tirón con su secuela bastarda italiana que se tituló sin pudor “Zombie 2”) fueron los encargados de aportar su música y como siempre, encaja con las imágenes fantásticamente. Aunque tengo entendido que en la versión americana Romero dejó de lado la banda sonora de los paninis y la sustituyó por otra... una pena, sin duda.

Si nos detenemos a examinar los efectos especiales, encontraremos geniales y macarras desmembramientos donde destaca una sangre color rojo brillante, por cortesía del tremendo Tom Savini quien por cierto se interpreta a sí mismo en un rol de saqueador motero hijo de puta que demuestra que también podía desenvolverse con soltura en un cuadro interpretativo.
Como anécdota curiosa, decir que el film se rodó en su mayor parte en un centro comercial llamado Monroeville Mall situado en Pittsburg, y que se mantuvo operativo y abierto al público a lo largo de todo el rodaje. El equipo comenzaba a trabajar a las 10 de la noche cuando cerraban puertas, hasta que abrían a las 6 de la mañana; y las escenas que transcurrían de día fueron rodadas en domingo. Según leí en una  entrevista una vez, les pilló por el medio la época de navidad y tenían que darse el currazo de quitar todos los elementos decorativos propios de dichas festividades, para después volverlos a colocar antes de que llegaran clientes a realizar sus compras matutinas.
Para acabar esta mega review, no me podía dejar en el tintero las cifras que giraban en torno a la película. Zombie costó 1.500.000 $ y terminó recaudando en todo el mundo... 55.000.000 de dólares!! si tenemos en cuenta que no dejaba de ser una serie B con poquitos medios, y que por la época había mastodontes como Tiburón que duplicaban el presupuesto de esta exponencialmente... pues podemos hablar de todo un triunfo.
Para todos los que vais de sibaritas y entendidos del género, si no habéis visto Zombie y las demás de la saga, vuestra opinión para mí no vale un cojón de mono; estoy harto de leer por ahí que si es chapucera, los zombies con el jeto azul están anticuados y provocan poco impacto...iros a cagar. Aun con sus fallos (que los tiene, por supuesto) esta es una película sobresaliente, y objetivo del primer 10 en los tres meses de vida que tiene mi blog. Sobre todo porque nos hace pensar que hay que temer más a los vivos que a los muertos, y que el peor enemigo del ser humano es precisamente... el ser humano.
Podéis correr, podéis gritar, podéis aullar... pero no podréis escapar.

NOTA 10/10

lunes, 21 de enero de 2013

DE CINE: HISTORIA DE RICKY (STORY OF RICKY)


Año:1991
País:China
Duración: 91 min
Director: Ngai Kai Lam
 

Ficha completa AQUÍ

                                       ARGUMENTO
Basada en el manga Riki-Oh, la acción transcurre en el año 2002 cuando Ricky es enviado a una prisión futurista por equivocación. Allí, no puede controlar su ira ante el cruel trato que los presos reciben de Cobra, un malvado guardián cuyos compinches son los peores elementos de la prisión. Cuando Ricky empieza a investigar, sus amigos aparecen brutalmente apalizados y habiendo sido torturados hasta morir.

                                       COMENTARIO
Bueno, bueno... vamos que nos vamos. Ya tenía yo ganas de pararme a comentar ésta peli, y a tenor de una petición de mi amigo y compañero de fatigas fanzineras Dani Krudo (no se si te acordarás, pero aquí esta la review, tunante) ayer mismito después de cenar metí el dvd en el reproductor y brindé a mis ojos un festín de serie b, gore y bizarradas.
Hablar de la Historia de Ricky es hablar de otra de esas películas que nunca han tenido ningún reconocimiento y se han quedado en el más absoluto olvido, pasto de blogs cutres como el mío donde algún friki tenga a bien dedicarle algunas líneas.
Siempre lo comento, pero es que estoy completamente convencido de que cuando se trata de cine gore y casposo los asiáticos se llevan todos los galardones. La historia de Ricky nos mezcla el cine de artes marciales de tercera línea de videoclub con el gore más cafre, hipnótico y poco ortodoxo.
Si empezamos a mirar con algo de detenimiento, descubriremos un guión (basado en un manga que nunca llegó a nuestro país, por cierto) totalmente plagado de incoherencias narrativas; fallos que por supuesto no nos impedirán disfrutar de la peli como se merece ya que el gran pro que tiene es no tomarse muy en serio a sí misma. Está hecha para entretener y para que el espectador pase una hora y media partiéndose de risa sin parar, si buscas una facturación técnica de primera categoría ya te aviso de antemano de que esto no es para tí.
Así pues, la acción nos sitúa en una cárcel china en un futuro incierto, donde han enviado al joven Ricky Oh por un crimen que cometió por pura venganza. Ya desde el inicio podemos ver que es un tío duro, pues una radiografía nos muestra cinco balas alojadas en su cavidad torácica que no quiso que los médicos extrajeran porque “son recuerdos”, según sus propias palabras.
Resulta que la institución penitenciaria opera de una forma un tanto singular, hay cuatro alas independientes (norte, sur, este y oeste) y cada una es controlada por una especie de jefe, que son los que parten el bacalao en lo que a artes marciales se refiere. Estos, a su vez, rinden cuentas a otros dos personajes que están por encima de ellos en la jerarquía del talego, el alcaide de la prisión y su ayudante.
Como si de un videojuego arcade se tratase, Ricky los irá eliminando progresivamente hasta llegar al “jefe final”, el alcaide, figura que es capaz de sufrir transformaciones (y qué transformaciones, amigos) a voluntad con el fin de aumentar su fuerza para los combates.
Decir que Ricky es una persona con una fuerza sobrehumana es quedarse muy corto. Es más que hercúleo, capaz de arrancar cabezas o mandíbulas de un puñetazo, o incluso de sacar las tripas de un golpe a un gordo de 200 kg. Puede atravesar puertas de acero y barrotes tranquilamente, y también está capacitado para anudarse los tendones del brazo de un bocado y seguir peleando.
Los fallos de guión son la risa máxima, palabra. En una escena se puede ver al ayudante del alcaide con una foto de la novia de Ricky en la mano, diciéndole que hará que la lleven allí y pasará un rato agradable con ella; hecho que hará que el joven súper hombre estalle en cólera. Pero vamos a ver... ¿no se supone que está en el talego por vengar la muerte de su novia? ¿Por qué se enfada así ante una amenaza como aquella? ¿es que la van a desenterrar para follarse al cadáver? Que me maten si lo entiendo... como esta muchas cagadas más en una trama incoherente a la par que descojonante.
Las actuaciones y las coreografías de artes marciales son capítulo a parte. No hay nadie, ni uno, que se digne a brindar una interpretación medianamente correcta; todo está ultra sobre actuado y estereotipado, a destacar el personaje del hijo del alcaide por repelente y asqueroso gordo hijo de perra.
Por otra parte, las escenas de lucha son cutres pero molan, imaginad cualquier peli de hostias de bajo presupuesto que hubiera añadido a sus golpes grandes cantidades de gore y sangre por un tubo. Algo así como aparear “karate kimura” con “braindead” y añadir los fatalities de mortal kombat, y que el resultado encima sea tan cojonudo como para enorgullecerse del engendro.
Y ahora viene lo bueno. ¿Por qué le pongo un 8,5 a una película que tiene muchas más deficiencias que virtudes? Porque es exagerada, delirante y brutal, porque es una película única en su especie y porque coño, lo que da Ricky son hostias y no las de Chuck Norris. Eso precisamente la convierte en un film de absoluto culto y todo un clásico del gore. Sin duda, por más cosas que diga, nunca llegaré a describirla como merece; así que ya sabéis... vale más una imagen que mil palabras.
NOTA 8’5/10

sábado, 19 de enero de 2013

DE CINE: EL DIABLO SOBRE RUEDAS


Año: 1971
País: USA
Duración: 91 min
Director: Steven Spielberg
 

Ficha completa AQUÍ

                                       ARGUMENTO
Cuando David intenta adelantar a un camión cisterna no se imagina que el conductor se lo tomará como una ofensa personal. A partir de ese momento, el diabólico camionero someterá a David a una persecución mortal...

                                       COMENTARIO
Planteado como telefilm, os brindo hoy un pedazo de ópera a prima a dos bandas de dos pedazo de monstruos, Steven Spielberg y Richard Matheson. Éste último es un grandísimo escritor que inundó nuestros hogares de fantásticas joyas literarias como “the omega man” o “la casa infernal”; siendo por cierto el autor que más ha influenciado a otra de las bestias del terror, llamada Stephen King.
Y vaya forma que tuvo el bueno de Spielberg de debutar en el mundo del cine, señores. Con sólo veintiún añitos parió una modesta producción que a la postre ha sido plagiada en innumerables ocasiones. Por lo visto el guión está sacado de una desagradable vivencia que sufrió el propio Matheson en sus carnecillas, encontrándose un camionero hijoputesco en la carretera que le dió algún que otro susto y un par de toquecitos en la carrocería de su coche.
En sí, el argumento no es más que lo que podéis leer en la sinopsis: un tipo normal y corriente, que adelanta un camión en una maniobra rutinaria y éste lo interpreta como una ofensa personal, llegando a perseguirlo incansablemente tratando de matarlo en varias ocasiones.
Y es que creo que con un presupuesto escaso, trece días de rodaje y algo tan simple como un camión y una carretera, sólo un jodido animal del celuloide podría conseguir reflejar miedo, agobio, angustia, opresión y mucho mal rollo concentrado. Quizás ese sea su mayor logro, la total simpleza. No digo que sea la perfección dentro del séptimo arte, tampoco nos llamemos a engaño, pero sí que sin duda se puede entrever al genio que dirigiría tantas películas míticas y se encumbraría como uno de los mejores directores del mundo.
Prácticamente desde el minuto uno, podemos sentir una tensión palpable que aumenta segundo a segundo, usando el miedo a lo que se intuye, lo que no se ve, como hilo conductor; tal como Steven hiciera unos años después con “Tiburón”, película con la que guarda más de un parecido que no comentaré para no joder mucho el argumento. Eso si no la habéis visto a estas alturas, cosa que dudo.
Carreteras interminables y con poco o ninguno tránsito, intriga constante que te mantendrá pegado al sillón sin necesidad de emplear giros argumentales innecesarios o efectismos pomposos.
También es cierto que Dennis weaver, el protagonista, es un actorazo increíble, porque en él recae todo el peso de la trama y consigue una interpretación absolutamente realista y maravillosa. Un tío que no es un experto en conducción temeraria, ni se ha visto en una movida igual en toda su vida que tendrá que poner a prueba sus nervios para mantenerse lejos de un enfermo cabrón que sólo quiere matarlo.
Podemos decir que “El diablo sobre ruedas” es la road movie por excelencia, donde en cada plano se aprecia el legado del mítico Alfred Hitchcock. En mi opinión resiste perfectamente el paso del tiempo, ningún remake podría derrocarla de donde se encuentra. Ya sea comprada, grabada, alquilada o descargada merece ser vista por lo menos una vez.

NOTA 8/10

domingo, 6 de enero de 2013

DE CINE: BAJO CERO (FROZEN)

Año: 2012
País: USA
Duración: 94 min
Director: Adam Green

 Ficha completa AQUÍ

                                       ARGUMENTO
El argumento de Frozen nos presenta a dos locos por el snowboard, que van en el telesilla de una estación de esquí ambicionando la última bajada por la ladera antes de marchar a casa. De pronto, el telesilla se detiene por completo. Ni un alma alrededor. Todo empeora cuando las luces de la estación se apagan para no encenderse de nuevo hasta el próximo fin de semana. Entonces tendrán que hacer cosas impensables para poder sobrevivir a una muerte segura por congelación. Pero además, pronto se darán cuenta de que el frío no es su peor enemigo.

                                      COMENTARIO
Frozen es un film estrenado en 2010 que pasó sin pena ni gloria entre los aficionados del género, aunque más que de terror se trata de un thriller dramático con elementos survival. Basado en un guión simple y plano, y con unos personajes muy poco desarrollados intenta ponernos en una situación límite y angustiosa; no obstante no consigue llegar al espectador debido a sus múltiples fallos garrafales.
La trama en sí no da demasiadas vueltas, dos chicos y una chica que van a esquiar en viaje de placer y se quedan atrapados en un telesilla a demasiada altura. Lo que iba a ser una escapada para liberar tensiones no tarda en convertirse en una pesadilla infernal, al no haber nadie cerca que pueda socorrerlos.

Lo que me tira para atrás es que los protagonistas no actúan como lo haría una persona bajo esas circunstancias, o esa es la impresión que me da. De primeras, no me puedo creer que ninguno de los tres tenga un teléfono móvil a mano en ésta época. También me parece inverosímil que la piva se quede dormida agarrada a la barra de seguridad del telesilla, que es de metal, será que no está fría... no me jodas. Y así una serie de incoherencias, una detrás de otra, que impregnan las escenas de un halo de poca credibilidad.
Pero el frío no será el único enemigo con el que tendrán que lidiar, también aparecerá una manada de lobos con mucha hambre que harán lo posible por comérselos a poco que pongan los pies en el suelo.

Como veis, planteamiento minimalista, tanto en tiempo como en espacio. La acción transcurre en el mismo escenario el 90% de la película, en un par de días, con muy poquitos actores.
En el apartado técnico, destacable es la fotografía en esos paisajes nevados. A mí me ha parecido bastante resultona, sobre todo el momento en el que se van apagando las luces poco a poco y nos damos cuenta que se van a quedar ahí arriba más rato del que les gustaría.
Frozen estuvo nominada a mejor película en los premios Saturn (algo así como los Oscar del terror y la ciencia ficción) y eso demuestra lo mal que está el género, porque es un trabajo del montón, pero del montón de los malos. Adam Green debería darse cuenta de que éste no es su campo y probar suerte en otros géneros, porque le ha quedado una película sosa, aburrida por momentos, con fallos por un tubo y sin pulso narrativo.
En cuatro palabras: no vale la pena.

  NOTA 3/10